
"Dadme alegrias" es lo que pido a todos cuando siento la desgana. El mundo se quiebra, oigo el estruendo del derrumbe inminente y no sé por qué puerta salir aunque veo muchas a mi alrededor. Pensar no sirve de nada y aún así oigo los susurros de quien me habló con sólo palabras. Gestos vacios que intentaban dar consuelo a lo que ya no valía nada, lo que se desvanece sin tregua ni fianza. Todo está en mi mente y es mi mente la que manda, "¡¡¡cállate ya o te taparé la boca con lo primero que en mis manos caiga!!!", déjame vivir tranquila te lo digo a tí, maldita, y a los demás que me atosigan y me hartan...
Veo que tu llegada, la que ansío y necesito, depende de mi control y de mis telarañas, las que empañan los sesos que te piensan sin descanso, sin pensar al final en nada. Ni en tí ni en nada. Y es que es mejor no pensar en tí, ni en mí, ni en nada... Que avancen los días y los meses y me ahogue siempre, de nuevo, el mismo ácido que me amarga, tras con tras, lágrima tras lágrima, siempre la misma melodía imbécil del letargo de tu llegada. Calma, la que necesito y a veces me visita y yo la abrazo con la almohada, miro al mar y te veo entre claroscuros y rayos de sol en la mañana.
Por fuerza avanzo, subiendo y bajando la montaña del sudor y el desconsuelo. Subo, subo y de un manotazo de nuevo bajo y no avanzo sola sino por fuerza e ilusiones de losque quiero y no pasa, de lo que merezco y no se me entrega, de lo que ya me cansa. Aún así te sigo esperando con los brazos abiertos, te seguimos esperando con el corazón hirviendo, contentos de poder, algún día, ver tu luz de un verde azulado.

Angustioso, Hoja, muy sentido y profundo.
Ay, esa piedra tan absurda que nos empeñamos en subir por esa cuesta empinada ¿para qué?
Un abrazo, guapa