Te escribo esta nota para decirte lo mucho que me alegra que pasen los años contigo y que lleguen otros buenos, mejores.

¿Sabes?, algunas personas dudan en seguir viviendo. Tal vez porque no encuentran la sonrisa de la vida o porque no saben expresar la suya propia. También existen otras muchas personas que, aunque tarde, terminan sonriendo porque quizás se han dado cuenta de lo que han perdido en su hastío y deciden recuperarlo. Otras tantas nacen a carcajadas, payasos y humoristas de la vida, juguetes rotos a veces, sin vuelta atrás, marionetas de trapo que claman la ayuda de los demás.

Tal vez sea sólo una fruta creciendo que no ha madurardo y no comprende el peso que supone a su árbol y el sufrimiento que tendrá al caer. Pero las hojas del árbol me aconsejan sonreir, el superarme, el mejorar cada día, con cada rayo de sol y cada soplo del viento.

Por todo este tiempo que hemos pasado juntas, mamá, por el intercambio superado de lo que esperaba; amor, amistad, cariño sin límite me agarras a tu árbol a pesar de que esta fruta cayó de tus brazos ya. Lo especial de tu ser me llena como el primer día y me enseña a caminar directa hacia el horizonte de mis sueños, lágrimas de antaño se derramaron por tus mejillas y esas lágrimas hicieron crecer el árbol de mi fruto, el que ahora creo, te da la sonrisa.

Gracias por el árbol y el fruto, gracias por las raices antiguas, gracias por las rocas, el cielo, el aire y la vida. Gracias a Dios por los momentos que nos quedan todavía.

Te quiere

Doña Hoja